Mirar: Literatura y paisaje. Los itinerarios literarios como metodología educativa
Ese «dónde», que asciende desde un gran abandono, dolorosamente clamante: ¿qué busca ese preguntar? ¿Qué vislumbra el poeta al clamar? La huida de los dioses y con ella la desolación de la morada de los seres humanos, el vacío de sus obras, la vanidad de sus actos. En ese punto, la mirada, sin el apoyo de una experiencia real del archipiélago, se aventura a la Grecia sida.
Martin Heidegger. Estancia
Leer y mirar, mirar y leer, se convierten al integrarse, en procesos que estimulan el pensamiento y la creación, el goce intelectual y la convivencia. El corroborar esta hipótesis de partida requiere dar respuesta a diversas cuestiones: ¿Cómo captar la realidad? ¿Son mirar y leer actividades múltiples que se retroalimentan? ¿Cómo enseñar y aprender a disfrutar con los matices de lo natural (la contemplación) y lo artificioso (la creación literaria)? ¿Tiene cabida la literatura en una sociedad tecnológica? ¿Cómo la diversidad puede ser integradora y no disgregadora? ¿Cómo educar a personas íntegras, con actitudes críticas y democráticas?
Quizá anochezca cuando empiezo
a escribir estos versos.
Camino por el bosque. Eso lo sé.
Me guían las palabras
que aún no aparecen por aquí,
pero ya pugnan por salir. Un día
invernal. Atardece pronto.
[…]
José Ángel Cilleruelo (2019)
«Travesía por el extraño sendero»
La lectura, lejos de quedar relegada por las tecnologías, ha revitalizado su valor como recurso imprescindible. En el sistema social y en el de aprendizaje, es nuclear e imprescindible para la alfabetización informacional (Alfin), el desarrollo conceptual, emocional o estético, la promoción cultural y social, la reflexión educativa.
Y la literatura, ¿es reemplazable? ¿Tiene sentido su pervivencia en el siglo XXI? Para los que amamos la literatura, este tipo de pregunas nos resultan absurdas, porque son como preguntarse si tiene sentido la vida. La literatura, como percepción del mundo y expresión, es indispensable para que los individuos y las sociedades avancen desde el goce estético, al pensamiento crítico y autónomo. «La literatura —afirma Compagnon (2008)— debe, por lo tanto, ser leída y estudiada porque ofrece un medio, algunos dirán que incluso el único, de preservar y de transmitir la experiencia de los otros, de aquellos que están alejados de nosotros en el espacio y en el tiempo, o que son distintos a causa de sus condiciones de vida. Nos hace sensibles al hecho de que los otros son muy diversos, y sus valores diferentes de los nuestros.» A partir de esta premisa, la fórmula humanista y el mundo global se dan la mano.
La sociedad del conocimiento plantea un cambio de la concepción del mundo, al que debe corresponder una nueva perspectiva desde la que plantear la enseñanza. Los cambios sociales y educativos requieren una urgente revisión de la concepción de los procesos de aprendizaje para adaptarlos a las nuevas necesidades; a la vez, las metodologías educativas deben situarse de forma plena en el nuevo paradigma pedagógico ya configurado, cuyos planteamientos didácticos se centran en la acción reflexiva para la resolución de situaciones, cotidianas e intelectuales, que faciliten la adquisición de habilidades y el desarrollo de competencias. Para ello, es imprescindible la creación de contextos de trabajo que impliquen necesidades de información, de reflexión y de placer estético. Mirar: Literatura y paisaje se plantea como una reflexión, pero también como un proyecto educativo aplicable en centros de secundaria, en que la biblioteca educativa sea un espacio y un estímulo, y la metodología por proyectos una ayuda esencial para facilitar su consecución.
Si la palabra no es una mera etiqueta de aquello que nombra, un nombre facilita aunar esfuerzos para convertir en realidad una idea. Mirar: Literatura y paisaje es el título que funciona como germen del proyecto; su justificación aporta, desde las sugerencias, el punto de partida de un viaje literario y, tal vez, real.
(1)Países y paisajes
Cuando los artistas de Flandes empezaron a pintar «la naturaleza en esos levantados riscos y nevadas peñas, tendidos prados y espesos bosques» —como los describe con acierto Miguel de Cervantes— se decía que retrataban «países», que el suyo era un arte de país. El término paisaje llegaría más tarde, desde el francés. Aquel primer nombre reflejaba bien la pretensión de los pintores flamencos: conocer, expresar y dar protagonismo al territorio, al país. Un poeta de lengua alemana, Rainer Maria Rilke, escribió siglos más tarde un verso que proporciona la clave: «El espacio fuera de nosotros gana y traduce las cosas»; es decir, el paisaje nos explica, como habitantes de un país y como individuos.
Acaso la herencia más valiosa de la Generación del 98 fue su empeño por conocer y expresar el país desde el paisaje. Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado salieron de sus gabinetes a respirar el polvo y la intemperie de los caminos, como había hecho, por cierto, unos siglos antes un viejo hidalgo al que no bastaban las lecturas para colmar su sed de conocimiento. Novelistas, poetas, filósofos buscaron en el entorno natural y en recónditas aldeas la respuesta a las cuestiones morales que les preocupaban: «El campo se extiende ante mi vista... —escribe Azorín—, no se yerguen árboles en la llanura; no corren arroyos ni manan hontanares. El pueblo reposa en un profundo sueño. Ningún lugar mejor que estos parajes para meditar sobre nuestro pasado y nuestro presente».
El paisaje es lugar de conocimiento y de meditación, y en las obras literarias es, por simetría, el reflejo de lo conocido y de lo meditado. A través de la escritura se alcanzan los secretos del territorio; el lector accede a la mirada que vio, reflexionó y expresó, la comparte y la hace suya: conoce y medita. El lector joven, adolescente, estudiante tiene también la oportunidad a través de la literatura paisajista no sólo de aprender a ver cuanto le rodea, sino lo que es más importante: la oportunidad de comprenderlo.
(2)Mirar y admirarse
La referencia etimológica y las acepciones del artículo léxico que corresponde a mirar en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) están llenas de ideas que no sólo se refieren a la acción descrita, sino que connotan posibles relaciones con la actividad educativa: desde observar y atender, a pensar y meditar o admirar y cuidar, amar y complacerse.
(3)Modos de ver
«La vista llega antes que las palabras. El niño mira y ve antes de hablar.» John Berger (excelente crítico de arte, novelista y poeta) inicia así su libro Modos de ver.
Si educamos cómo observar y percibir la realidad, iniciaremos el camino imprescindible a las palabras, al pensamiento, a la literatura. Porque, como el propio Berger (1974: 13) añade:
La vista es la que establece nuestro lugar en el mundo circundante; explicamos ese mundo con palabras, pero las palabras nunca pueden anular el hecho de que estamos rodeados por él. […]
Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas.
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La perceptibilidad educa la atención en el mundo circundante, pero a su vez hay que adquirir modelos de comprensión de la realidad que nos permita abrirla, saber leerla. Una experiencia de observación desinteresada como la que muestran las páginas de los autores literarios nos sirve de guía, nos da vida y acabamos reconociéndola como nuestra. «El mundo-tal-cual-es es algo más que un puro hecho objetivo; incluye cierta conciencia.» (BERGER, 1974: 17)
La educación de los jóvenes, también en el siglo XXI, requiere aprender a observar, tomar conciencia de lo observado, pensar; para crear un nuevo inicio de esa espiral infinita: pensar, observar, dialogar, actuar, para volver a pensar. La literatura nos ayuda a mirar el paisaje interior y exterior. No se limita a ser un prisma que facilita la visión de la realidad, se convierte en realidad en sí misma.
Qué mejor manera de comunicar estos modos de ver que facilita la literatura que partir de la misma observación que han hecho los autores, y de ellos contagiarnos y en ellos reconocernos. Vivir la literatura es aprender a vivir la vida.
(4)Entrar-en-la-proximidad-de-la-distancia
Heidegger en su “Conversación acerca del pensamiento en un camino rural” (Discurso sobre el pensamiento, 1944-45), cuyo título es ya significativo para entender la esencia del proyecto que proponemos, concibe el pensamiento como ese entrar-en-la-proximidad-de-la-distancia. Con apariencia de oxímoron, aclara cuál debe ser el camino para madurar: el diálogo entre el yo y el otro, entre lo cercano y lo lejano (tanto en sus coordenadas espaciotemporales, como sociales). BERGER (1987: 84) lo interpreta como un movimiento recíproco: «El pensamiento se aproxima a lo distante, pero lo distante también se acerca al pensamiento».
Solo si enseñamos a caminar (sinónimo de diálogo y de literatura desde El Quijote) por los cruces de esos espacios a veces distantes, de épocas diferentes y de culturas diversas, aprendemos de los otros para volver a uno mismo. Y vuelta a empezar.
(5)1910-2019
Primer ejemplo. En 1910, Miguel de Unamuno viaja a Gran Canaria, para ser mantenedor de los I Juegos Florales de Las Palmas. Mira y escribe sus impresiones: “La Gran Canaria” (Por tierras de Portugal y de España, 1941).
Pasando senderos cortados a pico en abruptos y escarpados derrumbaderos, dimos vista al valle de Tejeda. El espectáculo es imponente. Todas aquellas negras murallas de la gran caldera, con sus crestas, que parecen almenadas, con sus roques enhiestos, ofrecen el aspecto de una visión dantesca. No otra cosa pueden ser las calderas del Infierno, que visitó el florentino. Es una tremenda conmoción de las entrañas de la tierra; parece todo ello una tempestad petrificada, pero una tempestad de fuego, de lava, más que de agua. Iba acordándome de un pasaje del gran poeta catalán, de Verdaguer, en su Canigó, cuando describiendo una de estas formaciones nos habla de los gritos horrorosos que debió lanzar la Tierra al parir en sus años juveniles una de estas sierras, de sus días de conmociones –de pernabatre-, de sus noches de gemir, hasta sacar a la luz esas entrañas ígneas que al beso de la tempestad quedan fijas en rocas y en peñascos.
“La Gran Canaria”. Por tierras de Portugal y de España, 1941: 159
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La lectura del fragmento sugiere un viaje por el espacio (mirar el paisaje: del Canigó al barranco de Tejeda), por la literatura (Unamuno, Dante, Verdaguer), en el tiempo (1910, recuerdos que perduran: iba acordándome). Unamuno recuerda el paisaje y la literatura, él lo hace en 1910; ciento nueve años después, 2019, podemos compartir sus palabras y sus espacios. ¡El aprendizaje está asegurado!
Segundo ejemplo. «En septiembre de 1910 el poeta —como señala Macri (1988)— realiza con algunos amigos una excursión a las fuentes del Duero, de gran importancia en la preparación de Campos de Castilla, y especialmente del largo romance La tierra de Alvargonzález (CXIV), ya que los amigos recorrieron los mismos lugares allí descritos […]. Subió también al Urbión e hizo excursiones a Salas, teatro de la leyenda de los Infantes.» Antonio Machado comparte, mira y escribe. Su lectura nos convierte en sus amigos: nos lleva de la mano cien años después por caminos castellanos (paisaje y literatura).
(6)Paisaje-paisaje
Las descripciones y meditaciones de Unamuno en Por tierras de Portugal y de España parten de su visión del entorno natural para acabar refiriéndose a sentimientos humanos; percibe, así, lo personal y lo social, lo físico y lo histórico. «El paisaje de Unamuno —según GUILLÉN (1989: 95)— es el decorado de su propio existir, y de los afanes que quiere compartir con sus lectores.»
En Campos de Castilla Antonio Machado describe, narra y medita a partir del paisaje que observa: cómo no imaginar sus poemas como compañeros de camino. El propio autor analiza su postura ante lo natural cuando escribe Juan de Mairena:
Nuestro amor al campo es una mera afición al paisaje, a la Naturaleza como espectáculo. […]
¿Amor a la Naturaleza? Según se mire. El hombre moderno busca en el campo la soledad, cosa muy poco natural. Alguien dirá que se busca a sí mismo. Pero lo natural en el hombre es buscarse en su vecino, en su prójimo, como dice Unamuno.
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El paisaje nos devuelve, como un espejo, nuestro reflejo en el otro, nos enseña a aprender desde lo diverso. Debemos comunicar al alumnado la necesidad de buscarse en sus vecinos, desde el conocimiento mutuo, el respeto y la comprensión.
Vivir la literatura ayuda a vivir la vida, a convivir en uno y en los otros. Vale la pena intentarlo.
MIRAR
El cielo encierro en un cuadrado.
O mejor, en un cubo. Cada vez
que rueda por la alfombra de los días,
se detiene y exhibe diáfano
una cara. La miro.
Vuelve a girar. Se inmoviliza.
La contemplo. Voltea.
Se para.
La observo. No repite cara el cubo
que muestra el cielo porque la mirada
nunca es la misma. Cada instante
nace en la cara que descubro
en la imagen del cielo
que miro, nunca en el mirar.
Por eso la mirada es otra,
es siempre diferente a la que vio
el cielo que precede.
Hablo del tiempo que me vive.
José Ángel Cilleruelo (2017)
Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado
Susan Sontag. Sobre la fotografía
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5 rutas literarias. Diputació de Barcelona
Itinerarios por Barcelona. Biblioteques de Barcelona
MARTÍ, Luis (2020), «5 rutas literarias para viajar por España (en el tiempo y el espacio)». La Vanguardia, 21 de febrero
RUBIO HANCOCL, Jaime (2018). «Ruta literaria por España: un libro para cada provincia». El País, Verne, 23 de noviembre
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