14 de abril de 2020

Confinar con la utopía

Bibliotecas resistentes o cómo confinar con la utopía

Resistir, del latín sisto, etimológicamente significa “detener, mantener firme” o “detenerse”. Este poder que mantiene la potencia en su movimiento hacia el acto es la impotencia, la potencia-de-no. […]
      Si esto es cierto, debemos entonces observar el acto de creación como a un campo de fuerza tendido entre la potencia y la impotencia, el poder y el poder-no, el actuar y el resistir.
Giorgio Agamben. Creación y anarquía

¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Qué importancia tiene el concepto de resistencia en relación con la educación? ¿Cuál debe ser el objetivo esencial de las bibliotecas educativas contemporáneas? ¿Cuáles sus principios metodológicos básicos?
Las bibliotecas educativas no pueden ser meros vehículos de transmisión de información. Si se limitan a intervenir en la comunicación de ideas, el proceso que se produce es unidireccional, porque lo que se hace es indicarle al alumnado qué conviene saber, pensar o creer. De esta forma, el acceso a la información funcionaría como un sistema de control más que como un generador de pensamiento y creatividad. Ni las bibliotecas escolares, ni los centros en que se insertan, deben funcionar como lugares cerrados ni tampoco como núcleos de control (en sentido semejante al que Foucault se refiere al funcionamiento de las sociedades). Su forma de facilitar el acceso a la información debe ser capaz de generar procesos creativos, desde perspectivas críticas y de igualdad, que conviertan la información en un acto de resistencia, de creación. 
Además el proceso se multiplica si se implica la literatura, que como obra de arte es el máximo acto de resistencia, porque ayuda a entender la realidad concreta y la imaginaria; porque ayuda a reflexionar y crear conceptos relacionados con el mundo existente y con el por venir, es capaz de anticiparse, de resistir. «La obra de arte —afirma Deleuze (1987)1— no es un instrumento de comunicación, porque no contiene la mínima parte de información. Por el contrario, hay una afinidad fundamental entre la obra de arte y el acto de resistencia. Entonces aquí sí, la obra tiene algo que hacer con la información y la comunicación, sí, a título de resistencia. El acto de resistencia tiene dos caras: es humano y es también acto de arte.»  ¿Cuántas distopías literarias, o de cualquiera otra de las artes, no han planteado situaciones de la humanidad como las que vivimos en momentos de pandemia global? ¿Nos informan o nos ayudan a resistir? ¿Nos confinan o nos abren las puertas y generan incluso utopías hacia las que avanzar?
La capacidad de resistencia de una biblioteca educativa viene determinada por cómo es concebida: desde una perspectiva teórica, con la construcción de un sistema general de aplicación uniforme, o una práctica, improvisación constante con prueba-error falta de sistematización, o una experimentadora, como un organismo vivo que aprende. La educación no solo debe centrar sus principios metodológicos en la transmisión de información o de verdades o principios absolutos, ni en su demostración, sino que debe ampliar las acciones que incorporen métodos experienciales, en que se aprenda desde la percepción y la sensibilidad, desde la práctica y el pensamiento, desde la razón y la libertad creadora; a la vez que métodos humanistas, de experiencia intelectual o estética, centrados  en la búsqueda en las obras, en los documentos, de todos aquellos elementos susceptibles de ser desarrollados, para convertirlos en generadores de conocimiento. 
Las bibliotecas educativas deben proyectarse hacia el futuro en su acción cotidiana, deben generar sistemas de percepción de su entorno que les permitan desarrollar un principio constante de aprendizaje que supere el uso de la información, para convertirse en una parte esencial de una organización que aprende de sus propias acciones, al tiempo que persevera en su propio ser como método de resistencia. Si extrapolamos al ámbito de las bibliotecas educativas la pregunta retórica que se formula Agamben (2019: 46) sobre la poesía «¿Qué es, en efecto, la poesía sino una operación en el lenguaje, que desactiva y vuelve inoperosas sus funciones comunicativas e informativas, para abrirlas a un nuevo, posible uso?»2, tal vez podamos determinar que su objetivo esencial más que simplemente utilitario, como facilitadoras de información, debe ser un uso nuevo, como potenciadoras de pensamiento tras acciones de tensión intelectual.
Las bibliotecas, así entendidas, son verdaderos actos de resistencia, son proyectos que parecen confinar con la utopía.



1 DELEUZE, Gilles (1987). ¿Qué es el acto de creación? Conferencia del 15 de mayo en la fundación FEMIS [Vídeo, transcripción]

2 AGAMBEN, Giorgio (2017). Creación y anarquía. La obra en la época de la religión capitalista. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2019 (Filosofía e Historia)